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	<title>K-Government &#187; funcionario</title>
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	<description>Thinking in e-government</description>
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		<title>Investigando al investigador</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Jun 2009 09:48:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Louis Crandell</dc:creator>
				<category><![CDATA[La columna de Crandell]]></category>
		<category><![CDATA[funcionario]]></category>
		<category><![CDATA[investigación]]></category>
		<category><![CDATA[universidad]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Según una noticia aparecida en el diario El país del día 16 de junio, un total de 122.600 personas trabajan como investigadores en España, y el 70% de la producción científica procede de los que están en universidades, es decir, que la inmensa mayoría de la actividad científica está hecha por funcionarios. Y por lo visto, esto no ha dado buen resultado, claro que a [...]</p><p>Post publicado en <a href="http://www.k-government.com">K-Government - Thinking in e-government</a> por <a rel="author" href="http://www.k-government.com/author/crandell/">Louis Crandell</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Según una <a href="http://www.elpais.com/articulo/sociedad/ciencia/solo/manos/funcionarios/elpepisoc/20090616elpepisoc_25/Tes">noticia aparecida en el diario El país del día 16 de junio</a>, un total de 122.600 personas trabajan como investigadores en España, y el 70% de la producción científica procede de los que están en universidades, es decir, que la inmensa mayoría de la actividad científica está hecha por funcionarios. Y por lo visto, esto no ha dado buen resultado, claro que a mí no me sorprende, pero lo que sí me ha impresionado es que hayan tardado 20 años —que es el tiempo que lleva sin cambiarse la Ley anterior que rige estos asuntos— en darse cuenta. Probablemente se deba a que durante este largo tiempo a ninguno de estos inteligentes y sesudos funcionarios se les ha ocurrido hacer una investigación sobre la eficacia, importancia e interés del trabajo que ellos mismos realizan.</p>
<p>Así que yo, como funcionario que soy, he realizado una labor de investigación y he llegado a las siguientes conclusiones:</p>
<p>Los investigadores que trabajan en la Universidad empiezan con becas y después suelen seguir como contratados doctores, a la espera de que saquen una plaza de funcionario para convertirse en profesores titulares. Y para optar con un mínimo de posibilidades a esas plazas, cuya convocatoria se eterniza, es imprescindible contar con imponentes curriculums plagados de méritos que se obtienen mediante la presentación de ponencias y comunicaciones en congresos, así como publicaciones en revistas especializadas. Esto convierte al día a día del investigador en una carrera de obstáculos en pos de los méritos, lo que va en detrimento de la propia investigación. Así dedican sus esfuerzos a demostrar algún corolario que se derive por inferencia de algún teorema dentro de un sistema axiomático que se deduce de un teorema previo. O sea, un auténtico sistema formal cuyo objetivo principal es engrosar los méritos profesionales, aparte de para demostrar lo evidente, porque como todo el mundo sabe, un corolario es, por definición, una proposición que se deduce fácilmente de un teorema (claro, que luego vino Gödel con su teorema de la incompletitud y lo echa todo por tierra afirmando que “ningún sistema consistente se puede usar para demostrarse a sí mismo”).</p>
<p>Pero lo peor llega cuando la sombra del advenimiento de la oferta de empleo planea sobre los investigadores. Entonces todo pasa a un segundo plano y el investigador sin plaza pone su mayor interés en preparase los temas de la oposición, ya que normalmente su trabajo de investigación los realiza dentro de un ámbito muy específico mientras que el temario suele ser amplio. Y no digamos si además incluyen un temario jurídico. En este caso el acojonamiento es tal que impide la concentración en la investigación.</p>
<p>Pero es un acojonamiento infundado, ya que en muchas universidades el acceso a las plazas suelen venir condicionado por un perfil del candidato investigador que, casualmente, coincide con el título de la tesis doctoral que ha elaborado o con los trabajos realizados en sus indiscutiblemente meritorias investigaciones. Y esto ocurre incluso en las plazas para profesores asociados a tiempo parcial, que si bien deberían ser ocupadas por profesionales externos a la Universidad para que puedan aportar su experiencia profesional a la teoría academicista, en la práctica se nutre de becarios de brillantes expedientes académicos pero que no tienen ni idea de lo que se cuece fuera del entorno universitario.</p>
<p>Menos mal que ya existe una propuesta de reforma del Ministerio de Ciencia.</p>
<p>Post publicado en <a href="http://www.k-government.com">K-Government - Thinking in e-government</a> por <a rel="author" href="http://www.k-government.com/author/crandell/">Louis Crandell</a></p>]]></content:encoded>
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		<title>Condenado a ser funcionario</title>
		<link>http://www.k-government.com/2009/04/16/condenado_a_ser_funcionario/</link>
		<comments>http://www.k-government.com/2009/04/16/condenado_a_ser_funcionario/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 16 Apr 2009 11:50:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Louis Crandell</dc:creator>
				<category><![CDATA[La columna de Crandell]]></category>
		<category><![CDATA[concurso oposición]]></category>
		<category><![CDATA[condena]]></category>
		<category><![CDATA[desempleo]]></category>
		<category><![CDATA[funcionario]]></category>
		<category><![CDATA[oposiciones]]></category>
		<category><![CDATA[seguridad social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Tras dos años como contratado laboral y siete como funcionario interino, por fin se convocó una oferta de empleo público en la que se ofertaban plazas a las que yo podía opositar con objeto de asegurar mí puesto de trabajo. Se trataba de un concurso-oposición, o mejor al revés: primero una fase eliminatoria de oposición y después la de concurso. Me preparé concienzudamente para las [...]</p><p>Post publicado en <a href="http://www.k-government.com">K-Government - Thinking in e-government</a> por <a rel="author" href="http://www.k-government.com/author/crandell/">Louis Crandell</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tras dos años como contratado laboral y siete como funcionario interino, por fin se convocó una oferta de empleo público en la que se ofertaban plazas a las que yo podía opositar con objeto de asegurar mí puesto de trabajo. Se trataba de un concurso-oposición, o mejor al revés: primero una fase eliminatoria de oposición y después la de concurso.</p>
<p>Me preparé concienzudamente para las oposiciones, y fue muy duro, porque tras nueve años trabajando para la Administración, si no lograba aprobar las oposiciones me quedaría sin trabajo y sin derecho a indemnización, sólo me quedaría el desempleo. Mi preocupación era grande porque yo ya estaba casado y tenía dos hijos, siendo mi sueldo el único ingreso que entraba en mi casa.</p>
<p>Si bien es cierto que, en general, los opositores que “ya están dentro” tienen más ventajas que los opositores que vienen de fuera al obtener más puntos en la fase de de concurso, en mi caso particular no fue así. Ocurre que a pesar del tiempo que llevaba trabajando como Analista-programador (es decir, ocupando una plaza de grupo B), desde hacía un par de meses antes pasé a ocupar una plaza de Analista (o sea, grupo A). Y como la plaza a la que optaba era de Analista informático, los dos meses de experiencia profesional en esta plaza  apenas si me permitía arañar alguna décima de punto, razón por la cual opositores ajenos a mi Administración gozaban de una mejor puntuación en el baremo. Así que dirigí mis esfuerzos a sacar una magnífica nota en la fase de oposición. Porque como siempre digo, <a href="http://www.k-government.com/2008/09/27/aprobar_una_oposicin_es_muy_fcil/">aprobar una oposición es muy fácil</a>, basta con hacer un examen perfecto.</p>
<p>Voy a ahorrarles los avatares de los casi dos terribles años de estudio preparando las oposiciones. Fueron meses difíciles, llenos de dudas, inseguridad y preocupación por la posibilidad perder mi empleo de los últimos nueve años. Por eso, cuando al fin conseguí aprobar, mi alegría fue enorme Un auténtico orgasmo administrativo. Celebré con mi familia el fin de la pesadilla y entré en un período de tranquilidad personal en lo que a tener un trabajo se refiere, porque me convertí en <strong>propietario de mi plaza</strong>.</p>
<p>Yo pensé que mi sueldo apenas se vería afectado por el cambio de relación contractual con la Administración (o debería decir relación estatutaria). Sabía que mi salario mejoraría algo porque al pasar de interino a funcionario de carrera comenzaría a recibir los tres trienios cumplidos, porque en aquellas fechas los interinos aun no tenían derecho a cobrar antigüedad.</p>
<p>Así que cuando recibí mi primera nómina en mi nuevo estatus de funcionario de carrera la analicé concienzudamente y comprobé que en efecto cobraba trienios, pero además me sorprendió comprobar que mis ingresos se incrementaban algo más porque tenía menos deducciones, eran las relativas a la Seguridad Social.</p>
<p>Me dirigí al Departamento de personal y hablé con el Jefe del Negociado de Nóminas, que era compañero y a pesar de ello amigo. Y le expuse lo que ocurría pensando que se había cometido un error en el cálculo de la nómina. Pero mi amigo me contestó:</p>
<p>—Está todo bien Louis, no hay ningún error en tu nómina—.</p>
<p>—Pero es que el mes pasado me descontabais más dinero en concepto de Seguridad Social, y este mes la deducción es menor—, argumenté.</p>
<p>—En efecto, es menor, pero es que es así, todo está correcto—, insistió mi amigo, que es de pocas palabras.</p>
<p>—Pues si eres tan amable de explicármelo te estaré muy agradecido—, le rogué.</p>
<p>—Verás Louis, las deducciones de la nómina a cuenta de la Seguridad Social, se dividen en tres conceptos, que son: contingencias comunes, desempleo y formación profesional. Pues bien, en el caso de los funcionarios de carrera hay un concepto de estos tres que no se descuenta, y es el correspondiente a desempleo—, me explicó.</p>
<p>—¿Por qué no nos descuentan el concepto de desempleo?—, le pregunté sorprendido.</p>
<p>—Pues muy fácil, resulta que los funcionarios de carrera somos propietarios de nuestras plazas, por lo que nunca nos quedaremos en el paro, y por esa razón no se deduce la parte correspondiente a desempleo—, me razonó con una lógica aplastante.</p>
<p>—Lo comprendo, pero me parece muy poco solidario con los parados. Yo preferiría que se me siguiera descontando ese concepto de la nómina. Además, si ocurriera que yo algún día quiero dejar la Administración, en ese caso, ¿tendría derecho a recibir la prestación por desempleo?—</p>
<p>—Evidentemente no, ya que no has cotizado por este concepto—, fue su respuesta tajante y sin lugar a dudas.</p>
<p>Y entonces me di cuenta de la cruda realidad. No sólo había aprobado unas oposiciones que me proporcionaban una puesto de trabajo de mi propiedad para toda la vida (laboral), sino que además dicho puesto se convertía en una especie de cadena perpetua hasta el día de jubilarme. había perdido la la libertad de poder despedirme, ya que si lo hacía me quedaba, evidentemente sin indemnización, pero también sin prestación por desempleo que me ayudara a sobrevivir mientras buscaba otro empleo o tramitaba la puesta en marcha de algún negocio.</p>
<p>Estaba condenado a ser funcionario. Y lloré.</p>
<p>Post publicado en <a href="http://www.k-government.com">K-Government - Thinking in e-government</a> por <a rel="author" href="http://www.k-government.com/author/crandell/">Louis Crandell</a></p>]]></content:encoded>
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		<title>Gordos e imbéciles</title>
		<link>http://www.k-government.com/2008/09/20/gordos_e_imbciles/</link>
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		<pubDate>Sat, 20 Sep 2008 11:50:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Louis Crandell</dc:creator>
				<category><![CDATA[La columna de Crandell]]></category>
		<category><![CDATA[funcionario]]></category>
		<category><![CDATA[gordo]]></category>
		<category><![CDATA[imbécil]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>La sedentaria y anodina vida del funcionario medio ha creado una imagen del mismo que encaja con la siguiente definición. Funcionario: trabajador de la Administración que es gordo e imbécil. Las teorías darwinistas sobre la evolución parecen corroborar este fenómeno. Una Administración plagada de funcionarios gordos y sudorosos que, parapetados tras montañas de legajos desordenados y polvorientes, se esconden en las más recónditas unidades administrativas. [...]</p><p>Post publicado en <a href="http://www.k-government.com">K-Government - Thinking in e-government</a> por <a rel="author" href="http://www.k-government.com/author/crandell/">Louis Crandell</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La sedentaria y anodina vida del funcionario medio ha creado una imagen del mismo que encaja con la siguiente definición. <strong>Funcionario: trabajador de la Administración que es gordo e imbécil</strong>. Las teorías darwinistas sobre la evolución parecen corroborar este fenómeno.</p>
<p>Una Administración plagada de <strong>funcionarios gordos y sudorosos</strong> que, parapetados tras montañas de legajos desordenados y polvorientes, se esconden en las más recónditas unidades administrativas. <strong>Funcionarios imbéciles e ineficaces</strong>, incapaces de hacer nada más creativo que poner un sello en un formulario y pasar el papelito al siguiente funcionario, también gordo e imbécil.</p>
<p>A partir de esta premisa se podría desarrollar una teoría acerca de la lentitud de los procedimientos administrativos, porque tanta estulticia y falta de agilidad es terreno abonado para la dejadez y el desinterés.</p>
<p>Como soy funcionario desde hace más de 20 años y no me siento identificado con en esa definición ni con el ambiente descrito, voy a intentar deshacer el mito.</p>
<p><strong>GORDOS</strong>: Es cierto que el trabajo del funcionario medio es sedentario, ya que la mayor parte de ellos realiza trabajos administrativos de poco o nulo ejercicio físico, lo que va en detrimento del estado físico del empleado público. Sin embargo, esta inactividad física laboral sólo es matutina, el resto del día tenemos todo el tiempo libre para hacer ejercicio. De hecho, en el gimnasio al que voy por las tardes me encuentro una gran proporción de funcionarios que machacan sus músculos con las mancuernas, asimismo, en la ciudad deportiva a la que voy a correr me encuentro a muchos funcionarios que realizan ejercicios aeróbicos para robustecer su corazón. No tengo datos cuantitativos de este fenómeno, pero cualquiera de los que lean este texto y asistan a gimnasios quizá puedan corroborar mi afirmación.</p>
<p><strong>IMBÉCILES</strong>: En la Universidad en general -y en la UNED en particular-, los alumnos más mayores que compaginan trabajo con estudios, son mayoritariamente funcionarios que cultivan su mente. Tampoco tengo datos precisos de esta circunstancia (aunque conozco la existencia de informe sobre el fenómeno en la propia UNED), y recurro de nuevo a los pocos lectores de esta columna a apoyar o negar mi afirmación.</p>
<p>Lógicamente, el horario del funcionario es una ventaja frente al de otros colectivos laborales para realizar ejercicios físicos y estudiar. Pero no es este el motivo de mi escrito.</p>
<p>Y es que los funcionarios tenemos ventaja para cumplir con la máxima <em>mens sana in corpore sano</em>. Lástima que no todos puedan hacerlo.</p>
<p>Post publicado en <a href="http://www.k-government.com">K-Government - Thinking in e-government</a> por <a rel="author" href="http://www.k-government.com/author/crandell/">Louis Crandell</a></p>]]></content:encoded>
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		<title>Burocratic Fire</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jul 2008 07:25:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Guadián Orta</dc:creator>
				<category><![CDATA[e-government]]></category>
		<category><![CDATA[burócrata]]></category>
		<category><![CDATA[empleado público]]></category>
		<category><![CDATA[funcionario]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><img width="200" height="200" src="http://www.k-government.com/wp-content/uploads/2011/10/burocratic-fire-200x200.jpg" class="attachment-200x200 wp-post-image" alt="burocratic-fire" title="burocratic-fire" /></p><strong>Hay ideas que se generalizan aunque no correspondan con la realidad</strong>. Y la Administración Pública no es una excepción. La suposición que todos los empleados públicos trabajan poco o más bien poco es una idea que generalizada a través del tiempo hace más daño que bien.

Es cierto que debido al estatus que confiere el <a href="http://www.map.es/iniciativas/mejora_de_la_administracion_general_del_estado/funcion_publica/estatuto_funcion_publica.html">estatuto de la función pública</a> a los trabajadores de la AAPP <strong>poder exigirles flexibilidad o que sencillamente "hagan algo" en ocasiones se convierte en misión casi imposible</strong>. Pero por suerte contamos con excelentes profesionales en todos los niveles de la administración que realizan su trabajo consecuentemente y con verdadera vocación de servicio. Uno de los errores que cometemos la mayoría es generalizar pero también es cierto que esas <strong>actitudes de "baja productividad" </strong>normalmente las padece el ciudadano cuando tiene que tener determinadas relaciones con la AAPP.

En muchas ocasiones, <a href="http://mujerestic.blogspot.com/2008/07/el-funcionario-parsito.html">como la que nos presenta Morgana con el funcionario parásito</a>, <strong>uno se pregunta que qué puede hacer al respecto</strong>. ¿Por qué no es posible poder tomar alguna medida disciplinaria? ¿Tanto es el miedo a los sindicatos en la AAPP? ¿O realmente es un problema de motivación?

Estoy de acuerdo que<strong> como empleados públicos tienen que tener las mejores ventajas y sobre todo las garantías necesarias para que su trabajo no se vea influenciado</strong>, bueno mejor condicionado por la discreccionalidad de un político. Pero ese estatus en muchas ocasiones supone un refugio para aquellos que <strong>una vez llegados a la función pública consideran que ya lo tienen todo hecho</strong> y que a partir de ese momento lo que toca es cobrar y hacer lo menos posible.

<strong>¿Qué medidas con el consenso de todo el mundo se podrían tomar ante situaciones como estas?</strong> ¿Sirven de algo los pluses de productividad? ¿Se realizan evaluaciones del trabajo realizado por cada empleado público en función de su categoría y destino?

Para todos aquell@s que sufren en silencio esas situaciones os dejo una estupenda, como siempre, <a href="http://www.elpais.com/vineta/?d_date=20080709&amp;autor=&amp;anchor=elpporopivin&amp;xref=20080709elpepivin_1&amp;type=Tes&amp;k=">viñeta de Forges</a>:
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.k-government.com/wp-content/uploads/2008/07/burocratic-fire.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-1527 aligncenter" title="burocratic-fire" src="http://www.k-government.com/wp-content/uploads/2008/07/burocratic-fire.jpg" alt="" width="500" height="347" /></a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="200" height="200" src="http://www.k-government.com/wp-content/uploads/2011/10/burocratic-fire-200x200.jpg" class="attachment-200x200 wp-post-image" alt="burocratic-fire" title="burocratic-fire" /></p><strong>Hay ideas que se generalizan aunque no correspondan con la realidad</strong>. Y la Administración Pública no es una excepción. La suposición que todos los empleados públicos trabajan poco o más bien poco es una idea que generalizada a través del tiempo hace más daño que bien.

Es cierto que debido al estatus que confiere el <a href="http://www.map.es/iniciativas/mejora_de_la_administracion_general_del_estado/funcion_publica/estatuto_funcion_publica.html">estatuto de la función pública</a> a los trabajadores de la AAPP <strong>poder exigirles flexibilidad o que sencillamente "hagan algo" en ocasiones se convierte en misión casi imposible</strong>. Pero por suerte contamos con excelentes profesionales en todos los niveles de la administración que realizan su trabajo consecuentemente y con verdadera vocación de servicio. Uno de los errores que cometemos la mayoría es generalizar pero también es cierto que esas <strong>actitudes de "baja productividad" </strong>normalmente las padece el ciudadano cuando tiene que tener determinadas relaciones con la AAPP.

En muchas ocasiones, <a href="http://mujerestic.blogspot.com/2008/07/el-funcionario-parsito.html">como la que nos presenta Morgana con el funcionario parásito</a>, <strong>uno se pregunta que qué puede hacer al respecto</strong>. ¿Por qué no es posible poder tomar alguna medida disciplinaria? ¿Tanto es el miedo a los sindicatos en la AAPP? ¿O realmente es un problema de motivación?

Estoy de acuerdo que<strong> como empleados públicos tienen que tener las mejores ventajas y sobre todo las garantías necesarias para que su trabajo no se vea influenciado</strong>, bueno mejor condicionado por la discreccionalidad de un político. Pero ese estatus en muchas ocasiones supone un refugio para aquellos que <strong>una vez llegados a la función pública consideran que ya lo tienen todo hecho</strong> y que a partir de ese momento lo que toca es cobrar y hacer lo menos posible.

<strong>¿Qué medidas con el consenso de todo el mundo se podrían tomar ante situaciones como estas?</strong> ¿Sirven de algo los pluses de productividad? ¿Se realizan evaluaciones del trabajo realizado por cada empleado público en función de su categoría y destino?

Para todos aquell@s que sufren en silencio esas situaciones os dejo una estupenda, como siempre, <a href="http://www.elpais.com/vineta/?d_date=20080709&amp;autor=&amp;anchor=elpporopivin&amp;xref=20080709elpepivin_1&amp;type=Tes&amp;k=">viñeta de Forges</a>:
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.k-government.com/wp-content/uploads/2008/07/burocratic-fire.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-1527 aligncenter" title="burocratic-fire" src="http://www.k-government.com/wp-content/uploads/2008/07/burocratic-fire.jpg" alt="" width="500" height="347" /></a></p>]]></content:encoded>
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