La columna de Crandell
La literatura funcionarial
28 de enero de 2009
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Últimamente ha bajado mi frecuencia de publicaciones en este blog en el que tan amablemente Carlos me permite participar como colaborador. No es que me haya “deshinchado”, tengo rollo para rato, es simplemente que dispongo de menos tiempo para dedicarme a darle a la tecla. El trabajo, la familia, el pluriempleo, los estudios, el deporte y la fundación para la que colaboro me dejan poco tiempo para contaros mis peregrinas ideas y mis difusas o, mejor dicho confusas, divagaciones.

Afortunadamente a veces puedo sacar unos minutos durante mi jornada laboral matutina para dar rienda suelta a mi cháchara. Sí, habéis entendido bien, os escribo desde mi puesto de trabajo de funcionario de un Ente Público y en horas de trabajo. Y no me avergüenza confesarlo porque escribir cosas forma parte de mi quehacer profesional diario, de hecho suelo sacar ideas para los textos que os presento de los informes y documentos que redacto. Puede que no sea una actividad muy honesta, pero la creatividad que conlleva me convence de que es un poco menos flagrante que leer el periódico o salir varias veces a tomar café a lo largo de la mañana. Pero no crean que soy el único que lo hace.

No sólo disculpo mi actitud que podría considerarse deshonesta sino que la defiendo con vehemencia, es más, en verdad creo que habría que potenciar esta tendencia del funcionario público hacia la literatura en horas de trabajo. Es un hecho constatable que la Administración es fuente de artistas de toda índole, pero sobre todo de grandes literatos. El gran número de funcionarios escritores así como la cantidad de novelas que tratan sobre funcionarios justifican la creación de un nuevo género literario: la literatura funcionarial, es decir, la escrita por funcionarios, leída por funcionarios y/o que trata sobre temas de funcionarios.

El mismísimo escritor francés Guy de Maupassant fue funcionario en varios ministerios franceses donde vivía del cuento (en sentido figurado) hasta que publicó su magnífico cuento “Bola de sebo”(1) y entonces dejó la Administración para vivir del cuento (pero ya en sentido literal).

Estoy seguro de que su experiencia en la Administración le sirvió de importante fuente de inspiración en su magna obra literaria, no en balde es considerado maestro del terror, lo que se evidencia en la calidad literaria, originalidad y el alto número de cuentos horripilantes de los que es autor y en los que aparecen empleados públicos. El propio Lovecraft se inspiró en la obra de Maupassant en alguna ocasión.

A lo largo de su vida, la locura se apoderó de su mente, enfermedad cuya evolución se aprecia en el desarrollo de su obra llegando al momento cumbre de su demencia en el famoso cuento “El horla”, del cual él mismo dijo que algunos le considerarían loco tras leerla. Dicen que su locura fue consecuencia de su vida disipada y a la asiduidad a los prostíbulos de la época donde se contagió de alguna enfermedad venérea (también omnipresente en su obra). Pero yo pienso que el auténtico origen de su locura se puede encontrar en su experiencia en la Administración (la casa que vuelve loco según la llaman algunos) y que le marcó de por vida.

Que su paso por la Administración influyó en su obra y en su vida queda patente porque un tema recurrente en su obra es la mediocridad de los funcionarios, quienes forman parte de la fauna que pulula en sus cuentos. Estos personajillos aparecen en obras como “La casa Tellier” donde se cuenta cómo los funcionarios del gobierno frecuentan los cafés de París y los prostíbulos de la época (aunque en la obra no se explicita si lo hacían durante la jornada laboral, en su tiempo libre o si acaso pedían días por asuntos propios para ir a los lupanares).

Como dije más arriba, lo de ser funcionario y literato a la vez está muy extendido. Cervantes fue comisario de abastos y recaudador de impuestos, Bécquer y Gabriel Miró también trabajaron en el sector público, el Nobel Echegaray fue ministro de Hacienda, y Cela fue brevemente censor. A la lista hay que añadir a Sánchez Ferlosio y a Marsé. Otros escritores que probablemente aprovechaban su mesa de trabajo en la Administración para escribir sus obras fueron Charles Baudelaire que fue funcionario jefe de la Cámara de los Pares, Fiódor Dostoyevski que trabajó en la Dirección General de Ingenieros de San Petesburgo… y así una larga lista de genios literarios.

Así que, por favor, no critiquen mi actividad articulística en horas de trabajo, no vayan a frustrar la carrera incipiente carrera literaria de un potencial premio Nobel en literatura.

Gracias.

 

1 “Bola de sebo” es la historia de una meretriz metida en carnes que, en plena guerra franco-prusiana, viaja en un carruaje junto con otros personajes, un militar prusiano quiere beneficiársela pero es rechazado por ella con el asentimiento del resto de los viajantes, pero cuando el militar los retiene a todos hasta que se cumpla su deseo de acceso carnal, los viajeros cambian de opinión porque, después de todo, “Bola de sebo” sólo es una puta).

11 comentarios

  1. M

    […] de mis post puse de manifiesto el interés de algunos trabajadores públicos en otras artes como la literatura y la pintura. Pero esto de la música creo que desborda nuestra sensibilidad. Porque no se trata de […]

  2. m

    Gracias
    Espeluznante…. Gracias por él. Pocos manejan el cuento como Maupassant.

    Me vienen unos cuantos a la memoria… Todos buenos.

    Por cierto que podría verse como sexista a Maupassant… lo que hace es recoger el testimonio de una época donde las mujeres no eramos absolutamente nada.

    Gracias

  3. M

    Gracias por traer a mi memoria a Maupassant y sus maravillosos cuentos cargados de cinismo y de ausencia total de fe en el ser humano al que ve como mezquino, egoista, insensible, interesado y carente de empatia. Los cuentos mas terrrorifico de Maupassant son los que describen realisticamente a los hombres.

    Me acuerdo de un cuento en el que un hijo desespera por tenerse que ocupar de su madre que agoniza, cuando le toca hacer la recolección en sus campos y solo piensa en el dinero que va a perder. Solo cuando el médico le advierte de que si deja sola a su madre no le atenderá si se pone enfermo, con mucho dolor de su corazón contrata a una mujer para que atienda a su madre en su lecho de muerte. Pero ¡ay! un dispendio asi para alguien que total va a morir y pueden ser varios dias, y cada día cuesta mucho… como le duele. Y negocia con la cuidadora… un precio cerrado independientemente de cuanto se prolongue la agonia… La madre dura entonces pocas horas claro. Y el puede dedicarse, por fin, a sus campos y a recuperar el dinero «tirado» en la difunta.

    Bola de sebo es toda una parabola: no esperes nunca gratitud… no es propia de nuestros semejantes.

    Creo que esa vision tan negativa del ser humano que tiene Maupassant tiene mucho que ver con su trato continuo con funcionarios. Somos mediocres, vulgares y mezquinos.

    1. C

      Gracis a ti por leerme Morgana.

      Aunque pueda parecer anticuado, Maupassant es uno de mis autores favoritos, y como tú dices, en sus cuentos suele reflejar lo peor del ser humano.

      Recuerdo perfectamente el cuento al que haces referencia, pero no puedo traer a mi memoria el título.

    2. C

      Aunque pueda parecer anticuado, Maupassant es uno de mis autores favoritos, y como tú dices, en sus cuentos suele reflejar lo peor del ser humano.

      Recuerdo perfectamente el cuento al que haces referencia, pero no puedo traer a mi memoria el título.

      1. M

        Como no tengo ya blog y no estoy en la oficina… permiteme que utilice tu espacio para desahogarme:

        La administración es ineficiente per se…. El trabajo moderno es ineficiente per se.

        De niña, cuando leía a Maupassant, a Beauvoir o a Engels, asi he salido yo de rara (se me acusa periodicamente de eso), me aburría terriblemente en el colegio: para aprender lo que en una hora bastaba dedicabamos 10. Siempre tuve la impresión de que el cole era una guardería donde alejarnos de los padres, donde entreternos en vez de dejarnos salir a conocer chicos o ver películas.

        Con el trabajo tengo una sensación parecida desde hace mucho y eso me ocurre en la Administración y me ha ocurrido en la empresa: despilfarramos el tiempo escribiendo informes que nadie lee. Y formateando mil veces esos informes a la búsqueda del acento perdido o de la coma mal puesta. Trabajo estéril, tiempo perdido.

        Mucho más productivo para la humanidad escribir o leer blogs. Lo digo absolutamente en serio. Desde el más puro cinismo decimonónico francés.

        Yo también considero a Maupassant uno de los grandes de la literatura. O del periodismo. Quizás del periodismo, porque sus cuentos son una crónica esplendida de una época y de la naturaleza humana.

        1. C

          En realidad este espacio no es mío, sino que está cedido por Carlos Guadián, a quien le debo esta tribuna preferente.

          Estoy completamente de acuerdo contigo, con tus reflexiones y con tus formas (y es que yo también soy calificado de raro).

          Y conincido contigo en que Maupassant, con sus cuentos, la mayor parte de ellos publicados originalmente en la prensa, es uno de los grandes del periodismo así como de la literatura. Cronista excepcional de la guerra franco-prusiana.

    3. L

      Hola Morgana.

      Al no poder contactar contigo me aprovecho de este sitio que Carlos me proporciona y te envío un link al cuento que te has referido y que se titula El diablo

  4. l

    […] Queda lo más difícil, pasar del programa a la aplicación. Mientras, en K-Government descubren la literatura funcionarial y que la administración muestra a veces síntomas de estulticia propia de besugos. A todo esto, […]

  5. Últimamente, en varias ocasiones, he escuchado/leído referencias al modelo Google de organización del trabajo. Si no recuerdo mal, se basa en el 70-20-10; viene a decir algo así como que el 70% de la jornada laboral se dedique a las actividades propias del puesto, el 20% a realizar trabajos relativos a otras áreas funcionales y el 10% a actividades creativas que no tengan relación con el trabajo. Dicen que así se fomenta la creatividad y se facilita la innovación.
    ¿No podría considerarse escribir (por ejemplo en un blog), una actividad creativa? ¿no quieren que la Administración tome los modelos de éxito del sector privado? ¿Por qué cabrían entonces críticas?
    A pesar de ello, yo no consigo sacar tiempo en el trabajo ni para revisar mi Reader (y eso que la mayor parte de los blogs que sigo son de ámbito profesional)… escribir ni me lo planteo… ¡qué se le va a hacer! Algunos funcionatas somos «pringadillos».

  6. A

    Desde luego, no considero una pérdida de tiempo útil el hecho de escribir en u blog, sobre todo si lo que se escribe tiene tanta utilidad como el presente. Otra cosa sería dedicar las horas del trabajo a cuestiones más mundanas como la vida personal de algún famoso y la última maravilla del fubolista de turno.
    En mi empresa, consideramos las aportaciones a blog como producción científica. Es más, todos los jefes de departamento deberán redactar un post sobre su área por lo menos una vez a la semana. Los hay «charlatanes», como un servidor, y los hay más retraidos, a los que les cuesta escribir. Pero ambos grupos participan a la producción científica (reconozco el título un poco «sobrado») de la empresa.

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