Crónica de un día de duro trabajo

Madrugo demasiado —debe ser cosa de la edad—, por eso, a pesar de que la hora de entrada al trabajo es a las 8:15, yo ya estoy en mi puesto a las 7:30. Esto me permitió observar desde el principio los acontecimientos que paso a relatarles.

Pero antes tengo que explicarles que en mi organización tenemos implantado un sistema de Single Sign-on (SSO), es decir, un procedimiento de autenticación que mediante una única identificación habilita al usuario para acceder a los distintos subsistemas (principalmente aplicaciones informáticas) en función de los permisos concedidos. Y esta autentificación se realiza mediante la inserción de una tarjeta en una ranura que para este fin tienen los teclados.

No voy a explicar aquí las ventajas e inconvenientes de este tipo de sistemas, simplemente me limitaré a  exponer los acontecimientos acaecidos el pasado viernes.

A las 7:30 de la mañana llego a mi puesto de trabajo e introduzco la tarjeta del sistema SSO. Tras esperar más de 5 minutos aparece un mensaje en la pantalla que indica que el Sistema no funciona y que probablemente se trate de un fallo en la red. Entonces me levanto y me dirijo al reloj de picar donde paso la tarjeta para dejar constancia de que he llegado a esta hora.

Vuelvo a mi PC con la tranquilidad de haber registrado mi llegada, pero no puedo trabajar porque el fallo en el SSO me lo impide. No puedo acceder a ninguna aplicación informática, y lo peor de todo es que ni siquiera puedo usar el navegador.

Poco a poco van llegando los compañeros, con objeto de ver sus reacciones no les informo de la avería y les dejo hacer. Intentan “picar” en su PC pero al no logarlo van al reloj y pican allí. Conforma van llegando más empleados unos dicen a otros que piquen a la entrada porque el SSO no funciona.

Entre los empleados ociosos por culpa de la avería se empiezan a formar corrillos en los que se hablan de los temas más dispares, aunque al ser viernes los planes del inminente fin de semana es el asunto más socorrido.

Algunos, consiguen recordar la clave y contraseña de administrador de su PC y de esta forma consiguen entrar en modo local, pero apenas pueden trabajar porque no tienen acceso a los servidores.

El despacho en el que trabajo es grande y diáfano, y hasta donde alcanza la vista no noto el menor  nerviosismo y tampoco veo que nadie llame al Centro de Atención a Usuarios para dar cuenta del problema.

A las 9:00 de la mañana comienzan a salir a desayunar algunos de estos grupos. Otros dicen con sarcasmo que para aprovechar bien la mañana prefieren salir a desayunar cuando el problema de acceso se resuelva.

Utilizo mi ociosidad  para ir al Servicio de Informática para ver qué están haciendo para resolver este problema técnico. Y allí donde esperaba encontrar nerviosismo y trabajo frenético intentando resolver el problema que mantiene parado a un ente público con más de dos mil trabajadores, lo que encuentro es a unos cuantos técnicos de sistemas rodeando un terminal y discutiendo con más cachondeo que preocupación lo que estaba ocurriendo. En el momento de mi llegada me cruzo con el Jefe del Servicio de Informática que sale a desayunar de manera despreocupada.

Sobre las 10:00 soy yo, junto a mi habitual compañero de desayunos, quien sale a tomar café y me encuentro a multitud de colegas de todas las Unidades Administrativas sentados en las terrazas de las cafeterías cercanas y disfrutando del sol. Otros pasean plácidamente. Es una mañana de sol muy agradable después de tantas semanas de lluvias casi permanentes. Entre los paseantes me cruzo con los principales responsables del departamento de personal que se solazan entre ellos. A pesar de su implicación en el problema no parecen estar preocupados. Afino mi oído y capto una conversación en tono humorístico sobre lo que está ocurriendo y la ineficacia de la función pública.

Tras un largo desayuno y posterior paseo matutino vuelvo a mi puesto de trabajo. El problema persiste. Empleados públicos paseando por las instalaciones y ni la más mínima muestra de nerviosismo o preocupación. Las máquinas de vending hacen su agosto.

Doy una vuelta por la planta donde se encuentra la dirección esperando encontrar allí algo de preocupación por lo que está ocurriendo, pero la tranquilidad campa a sus anchas. Políticos y altos funcionarios departen sosegadamente sobre asuntos triviales.

A las 11:30 vuelvo a mi mesa de trabajo y allí me entero de que el problema afecta no sólo a la sede principal, sino también a las oficinas y departamentos externos que están conectados a la central. Pero sorprendentemente la centralita no está colapsada con llamadas reclamando el funcionamiento del sistema de acceso.

Ahora son más de 2500 personas las que no pueden acceder a las aplicaciones informáticas con las que trabajan usualmente pero en lugar de indignación y nerviosismo lo que impera es la tranquilidad y el alivio por no tener que trabajar.

Sobre las 12:30 comienza a resolverse el problema y ya es posible que un buen número de trabajadores se identifique ante los sistemas y puedan trabajar. Pero la mayor parte de los empleados se encuentran ausentes de su puesto de trabajo.

A las 13:00 se puede decir que el problema está resuelto, pero los empleados no lo saben porque nadie se ha preocupado de que la noticia llegue a ellos (parece que la megafonía está para otras cuestiones más importantes como es indicar que un vehículo está mal aparcado o para informar de que al ser víspera de fiesta hoy podremos salir un par de horas antes) y los que sí se han dado cuenta de que ya funciona todo, hacen como que no lo saben. Son muy pocos los que empiezan a trabajar.

Gracias al horario flexible, a las 14:00 comienza a marcharse una buena parte de los empleados. En sus alegres rostros parece reflejarse la satisfacción por el deber cumplido, pero yo sé que su alegría tiene otra razón.

Por fin a las 14:45 se produce la salida general de todos los empleados.

Y esta es la crónica de un día más de duro trabajo.

6 comentarios en «Crónica de un día de duro trabajo»

  1. Esto tiene una explicación, y es que nadie se sentía responsable ni por el buen funcionamiento del sistema ni por las consecuebncias del fallo, es decir, a nadie le dolía lo que pasaba… No pienses que eso no pasa en la empresa privada, ya que es incluso peor, lo único es que los de arriba si están nerviosos buscando soluciones y no descansan hasta que las encuentran.
    SM

    1. @Senior Manager,

      Otra diferencia con la privada es que en esta última también estarían nerviosos los técnicos responsables del buen funcionamiento del sistema, y el Responsable de informática también estaría un poquito nervioso.

      Tan sólo los usuarios convencionales celebrarían el fallo que les permite pasar un día tan relajado.

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